Una base espiritual para el desarollo social
Hay más personas de buena voluntad de lo que creemos. La dificultad está en unir nuestros esfuerzos en un proyecto común y superar todos los obstáculos que se presenten. Es en este contexto en el que la base espiritual juega la parte más importante, pues mantienen la integración del grupo o de la sociedad. Es decir, el trabajo, por un lado, y el conocimiento, por el otro, no son suficientes para lograr cambios significativos en el desarrollo social. Es necesaria también una base de amor que exprese un sentido único de anhelo por la conciencia. En ausencia de esta base, los intereses personales o de grupo provocan rupturas que comprometen el proceso del desarrollo social. Estos intereses creados no se manifiestan al principio, sino cuando los proyectos empiezan a tener éxito. Esto hace que el fracaso sea incomprensible y doloroso.
Esta base espiritual no es algo que ocurra por casualidad, para crearla se requiere de planeación, educación y de líderes.
La capacidad de los líderes para generar consenso no está basada en sentimientos mezquinos y pequeños; al contrario, se basa en un sentimiento de Amor Universal que se extiende del plano humano a toda la creación.
La creación de líderes lleva tiempo, pues se tiene que desarrollar la capacidad necesaria para completar la parte práctica y administrativa del trabajo.
Estos líderes son algo más que moralistas, son verdaderos espiritualistas completos en sí mismos, conocedores del género humano guiados por su benevolente inteligencia consciente, y por ello, muy diferentes de los políticos actuales. La diferencia entre estos líderes espirituales y los políticos actuales es la distancia que tenemos que cubrir para cumplir con nuestra necesidad de una sociedad humana justa y desarrollada.
EDUCACIÓN PARA LA ESPIRITUALIDAD
Este proceso educativo se inicia con el desarrollo de la energía vital, necesaria para que la persona pueda encontrar en su interior la respuesta básica de su existencia. A través de un proceso sintético para el conocimiento de uno mismo, la persona obtiene un desarrollo humano progresivo. Inicia en un estado en el que prevalece la satisfacción de los deseos animales y después, la persona desarrolla los sentidos humanos más elevados hasta lograr la total expresión de la divinidad.
En la educación para la espiritualidad es de particular importancia un desarrollo completo de todos los niveles de la mente: consciente, inconsciente y super-consciente. Esta etapa se logra con la enseñanza de prácticas que desarrollan las capas más sutiles de la mente, tales como la intuición y la discriminación racional.
En este contexto se manifiesta una psicología de entrega de las acciones al Supremo. La manifestación exterior de esta psicología se revela con una inclinación a centrarse en la meditación profunda al momento de enfrentarse a problemas o pruebas. Contrario de lo que muchas personas hacen en el momento de una prueba al buscar la respuesta en el mundo exterior, corriendo de un lado a otro, de una persona a otra o de una ciudad a otra. Estas personas se han olvidado del tesoro más grande que tenemos todos dentro de nosotros mismos.
La educación para la espiritualidad está orientada a la búsqueda existencial desde la niñez. El tesoro de amor infinito está en el centro de nuestro corazón. Es en este lugar donde se encuentra la paz, la bienaventuranza y también las respuestas para la vida de hoy día.
Una base espiritual es también fruto de la planeación; no se puede improvisar, pues precisa de prácticas regulares que entrenen la mente en todos los niveles. Para este entrenamiento es necesaria una rutina diaria que incorpore todos los elementos para conducir a un desarrollo integral del ser. La rutina incluye el levantarse temprano, los preceptos espirituales de limpieza, comida apropiada, meditación, canto, descanso, buenos ejercicios físicos, buena compañía, etc.
La base espiritual no es fruto de una iluminación instantánea, precisa de trabajo, regularidad, disciplina y de un ambiente idóneo con un guía espiritual evolucionado, el cual es indispensable para resolver los conflictos que este desarrollo conlleva por su propia naturaleza.
Una vez que esta base espiritual es consolidada, podemos poner encima una ética de servicio a la humanidad que cumpla con los requerimientos interiores más elevados.
Un proyecto social, como un hospital o una escuela, no puede dejar a un lado estos preceptos. Todas las personas en la posición de responsabilidad económica y educativa precisan de una educación espiritual, para que las personas que usen estos servicios, estén expuestas a un modelo y un ejemplo virtuoso y congruente.
Este proyecto social constituye un flujo único que empieza con el diseño del proyecto y no se oscurece con su cumplimiento en términos de construcción física, sino que sigue adelante como fuente de inspiración y orientación y garantiza el desarrollo social de manera independiente de las personalidad de los individuos.
Es una experiencia común la dificultad que existe para llevar un proyecto social más allá de la vida de su fundador o benefactor con los mismos ideales, anhelos y energías.
Por lo mismo, la creación de personas dedicadas a la formación de una base espiritual es el principio del desarrollo social. Ésta es una tarea ineludible y de importancia primordial.
En estas escuelas de formación espiritual se crea la base del desarrollo para utilizar todas las capacidades de la humanidad.
Ahora comprendemos que el desarrollo humano individual es parte integral del desarrollo social y se compone de la creación de hábitos físicos, mentales y espirituales dirigidos a la elevación integral de la creación.
Acarya Vimaleshananda Avadhuta es un monje y trabajador social voluntario de la asociación civil Ananda Marga de la Republica Mexicana. Ananda Marga también está presente en Morelia, Guadalajara, Colima, Nuevo Laredo, San Luis Potosí, Cuernavaca, Ciudad de México y Acapulco con proyectos sociales como escuelas, centros de desarrollo rural sustentables y centros de yoga y de meditación.
